![]() Foto, Guillaume Brialon / Flickr DEBATE I Los OGM no están tan de moda. Los agricultores europeos han reducido en 2009 el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados, pasando de 106.000 hectáreas cultivadas a 94.000. España concentra el 80% de esos cultivos, con alrededor de 76.000 hectáreas de maíz transgénico. La UE aprueba o rechaza la introducción o la renovación de permisos para plantar transgénicos. A pesar de bajar un 11% la plantación de estos organismos, sigue habiendo incorporaciones tras 12 años sin nuevas autorizaciones. El último fichaje del mapa de las plantaciones transgénicas europeas ha sido la patata Amflora, creada por la multinacional alemana BASF, también conocida por las famosas cintas químicas de audio para los radiocasetes de los años ochenta. En teoría, este transgénico sólo se usará para fabricar celulosa de papel, pero las organizaciones contrarias a la implantación de transgénicos, como Amigos de la Tierra o Greenpeace, se manifestaron la semana pasada en las puertas del congreso español dando a probar a los diputados y paseantes supuestas tortillas de patatas hechas con material transgénico, con el fin de prevenir y concienciar contra este tubérculo modificado. ![]() Durao Barroso (F. PE) Los OGM pueden servir para muchas cosas: alimentación humana, piensos animales, fibras vegetales para elaborar tejidos, o combustibles renovables. No se engañe nadie en relación a su implantación agrícola: “La UE tiene la obligación de reconocer el permiso de plantar transgénicos en todos los casos en los que no haya informes científicos desfavorables que demuestren el carácter pernicioso para la salud humana de estos productos”, señalaba hace unas semanas el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. Esto significa que desde el momento en que se demuestre que un transgénico atenta lo más mínimo a la salud, se retira la licencia para plantarlo en toda Europa, como puede suceder en pocas semanas con la renovación de la licencia de la variedad de maíz bt11. La Autoridad Europea de Salud Alimentaria (EFSA) sale cada dos por tres a defenderse de las acusaciones de falta de independencia con respecto a las multinacionales que explotan transgénicos: “Nosotros evaluamos los informes científicos que nos llegan, como agencia científica que somos, pero la decisión final la toman los 27 ministros del ramo de la UE y la Comisión Europea”, matiza su directora. Además, la autorización de la UE no obliga a los Estados a permitir su plantación en su territorio. Países como Francia o Bulgaria suelen ser muy restrictivos. Alimentación: abono químico contra gases lacrimógenosEnergías: habitamos el plantea StromboliNace el nuevo logo ecológico europeo: la eurohoja![]() Presencia inevitable en la alimentación Lo que sí es cierto, es que a través de la cadena de alimentación, existe presencia de transgénicos en un 17% de alimentos servidos para el consumo humano. Un ejemplo: una vaca come maíz transgénico, produce a su vez leche, con esta leche pueden fabricarse alimentos para bebés y los padres compran estos alimentos para sus crías. Todo ello en la más estricta confidencialidad, pues casi nunca se supera el límite del 0,9% de presencia transgénica en alimentos por encima del cual la UE estima obligatorio informar en el prospecto impreso del envase. ¿Qué significa el “bt” de la fórmula del maíz transgénico cultivado en Europa? El Bt es una toxina que produce esta planta gracias a la modificación genética. Isabel García es Secretaria general de la Asociación Española de Bíoempresas (ASEBIO), y explica que “así se evita el uso de pesticidas”. Según esta científica, “los agricultores españoles se ven afectados por la plaga del taladro del maíz, que produce pérdidas en las cosechas que pueden llegar hasta el 30% y es responsable del desarrollo de micotoxinas en el grano de maíz –conocidas como fumonisinas-. Tras 12 años de cultivo de maíz Bt en España se está demostrando cómo el uso de la biotecnología les ayuda a poner en práctica una agricultura más sostenible”. No obstante, es difícil creer que el consumo masivo por parte de las reses de un maíz que produce esta toxina no planteará problemas sanitarios. “Habría que exigir que los productores garanticen su responsabilidad en el caso de que sucede algo”, propone el ingeniero agrónomo francés Matthieu Calame en su libro La Tourmente Alimentaire. ![]() El ingeniero Matthieu Calame En busca del equilibrio agronómico No todas las críticas o los parabienes en relación a los transgénicos giran en torno a la alimentación. Es Matthieu Calame quien pone el acento en el equilibrio agronómico que deben perseguir todos los países o regiones. “Si atendemos al drama de la salinización de las tierras provocada por el monocultivo al que tienden nuestras sociedades, unido al drama de la deforestación y las malas prácticas de irrigación, apostar por los transgénicos para que los cultivos resistan más a las sales es como poner una venda en una pierna ortopédica y tiene como un sabor de último cigarrillo.” Para este investigador de la Fundación Charles Léopold Mayer, la solución High-Tech de los transgénicos no permitirá que se regrese a la pluralidad de cultivos y la silvicultura que dotarían a cada economía de más autonomía, haciéndole depender menos de la agricultura o de los vaivenes del mercado. Frente a estos argumentos, Isabel García, defiende que “el monocultivo no tiene nada que ver con los OGM”. EFSA, por su parte, no ha detectado riesgos de mineralización mayores con tansgénicos que con semillas convencionales. Las multinacionales de los OGM, como la norteamericana Monsanto, aseguran que esta nueva generación de productos contribuirá a reducir hambrunas en el tercer mundo. Desde ASEBIO se matiza en positivo: “La biotecnología agrícola no es la solución a las hambrunas que, desafortunadamente, se deben a causas complejas y diversas. Sin embargo, sí es parte de la solución en cuanto que contribuye a mejorar la eficiencia productiva de las cosechas, haciéndolo de una manera más sostenible, es decir, produciendo más con menos recursos naturales –como agua, suelo o energía-.Y concluye: “No podemos permitirnos no hacer uso de esta tecnología y renunciar a los beneficios sociales, medioambientales y económicos que genera en las zonas de cultivo donde es puesta en práctica”. Fernando Navarro Sordo Europa451 Fotos: Guillaume Brialon/Flickr, ASEBIO, Parlamento Europeo, Agridem CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosDiciembre 2011 CategoríasAll Mención Legal
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