Son, pues, todos los agricultores y productores de alimentos naturales de Europa quienes tendrán que poner sus barbas a remojar si no encuentran una solución, ya que el caso de la miel es extensible a cualquier otro alimento. La ley de la Unión Europea prohíbe que los organismos genéticamente modificados (OGM) puedan ser difundidos deliberadamente en la naturaleza o llevados al mercado sin autorización previa de la Comisión Europea. Los tribunales alemanes, en una primera instancia, sentenciaron en contra de los apicultores, considerando que “el polen no puede considerarse un OGM", pero el 6 de septiembre, el Tribunal europeo les ha devuelto la razón.
Se trata de un serio jaque a la industria transgénica en Europa, pues el conjunto de los apicultores de Europa así como los de numerosas ganaderías, pueden alzarse en pie de guerra ante la perspectiva de que el polen transgénico ingerido o respirado pueda contamine su producción. De ahí que el 22 de septiembre próximo, se reúna la Comisión Europea para analizar soluciones que contenten a todos.
La UE tiene un déficit de miel que representa el 45% del mercado, convirtiéndose en el primer mercado mundial de importación de este producto. Por ejemplo, España, uno de los principales productores de Europa, genera 30.000 toneladas anuales de miel, pero importa de China otras 11.000. Por lo pronto, el asunto afectará de lleno a las importaciones. Los países implicados en las plantaciones del maíz MON 810 son España –más que ningún otro miembro de la UE-, Portugal, Alemania, Chequia, Polonia, Eslovaquia y Rumania.
El europarlamentario y activista José Bové (Verdes) ha aprovechado para recordar que “la co-existencia entre los dos tipos de cultivo”, transgénico y tradicional, “es un fraude”. El grupo de los Verdes en la Eurocámara se felicita de haber aprobado en verano el Reglamento 619/2011 que prohíbe una presencia de OGM en los alimentos más allá del 0,1%.
Fernando Navarro
Europa451
Foto: Lithfin/Flickr















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