![]() Ammar Abd Rabbo/Flickr REVISTA DE PRENSA I Tras los escándalos de pedofilia que asolan la reputación de la Iglesia Católica se abre, lenta pero violentamente, el debate sobre la relación entre el celibato del clero y los abusos sexuales. Si para algunos expertos, la relación es directa y proporcional, para otros la cuestión está mal planteada. El 19 de junio de 2009, el prefecto de la Congregación para el Clero, el Cardenal Claudio Hummes, declaraba a la revista Vida Nueva que, a su entender, el número de curas pedófilos no superaba el 4% del total. Era una cifra distinta de la anunciada en 2008 por el mismo cardenal en las páginas del Osservatore Romano, cuando el tope lo había fijado en el 1%. El aumento de la proporción no es baladí en un periodo de dificultades de imagen para la Iglesia católica: los escándalos de abusos sexuales se han extendido a los stados Unidos, Irlanda, Alemania, Austria y, hoy, Noruega. El teléfono ciudadano alemán instaurado para denunciar los casos de abusos se ha colapsado esta semana con más de 13.000 llamadas. Las normas se pueden cambiar La consecuencia de estos rayos y truenos es que muchas personan insisten en la relación entre el celibato y la pedofilia. Durante una entrevista al diario austriaco Die Presse, el cardenal Carlo Maria Martini –conocido por sus posturas ecuménicas y progresistas– volvió a lanzar la reflexión sobre el celibato eclesiástico en nombre de “cuestiones fundamentales de la sexualidad” que deben ser cuestionadas. Cabe recordar que el celibato del clero católico no se basa en un dogma, ni es un voto personal, sino una norma de conducta ratificada por última vez en el Concilio de Trento que tuvo lugar entre 1545 y 1563. Es una práctica, pues, que puede ser modificada. El pasado 11 de marzo, el arzobispo de Viena declaraba que el problema de la pedofilia concierne de pleno a la “cuestión del celibato y de la formación de la persona”, apelando a impulsar cambios. No pudo decirlo de modo más claro que el teólogo suizo Hans Küng, en su columna publicada en el diario francés Le Monde del 4 de marzo: aun reconociendo que los problemas de pedofilia no los causa el simple celibato, “sí revelan la relación crispada que entretiene la jerarquía católica con la sexualidad, la misma relación que determina su postura con respecto de la contracepción”. Küng analiza el celibato como un pilar estructural de la Iglesia romana. “Con la misma franqueza para abordar de cabo a rabo el tema de los abusos sexuales, habría que abordar la discusión de su causa esencial y estructural: la regla del celibato. Esto es lo que los obispos deberían plantearle con firmeza y sin ambages al papa Benedicto XVI.” La Unión europea tiene una bandera muy cristianaItalia se engancha al crucifijoLa tradición contraataca Ante estos ataques más o menos frontales, los adalides de la tradición no se han quedado de brazos cruzados. En las páginas del diario italiano La Stampa, el presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, Walter Kasper, declaraba hace unos días que “el celibato no tiene nada que ver con los abusos sexuales a menores. El Papa define el celibato como la señal de la consagración exclusiva a un corazón, y como la expresión de un don a dios y a todas las personas. Todos los expertos establecen que la mayoría de casos se produce en el seno de las familias y no en el domicilio eclesiástico. Existen pruebas de que la pedofilia no tiene nada que ver con la antigua tradición que impide a curas y monjas contraer matrimonio. Es más, las estadísticas sobre abusos sexuales nos dicen que es al contrario”. El obispo de Ratisbona, Gerhard Ludwig Müller, mantiene el mismo discurso: “Es ridículo. En Alemania, cada año hay 15.000 casos de abusos a menores denunciados. El 99% de entre ellos se producen en las familias o entre los educadores. Nada que ver con el celibato. Existen estudios científicos que dicen que la pedofilia tiene su origen en una perturbación del desarrollo de la persona, aunque las causas concretas nos sean aún desconocidas”. Pedófilos en busca de menores Na reciente investigación publicada por el diario El Pais demuestra, en cambio, lo contrario. Según el Instituto de Estudios de la Sexualidad y la pareja de Barcelona (IESPB), “¿Ser curas o célibes nos convierte en pedófilos? No. ¿Ser pedófilo y cura es algo común? Sí, porque la Iglesia católica funciona como una capa protectora (…). Los signos que traicionan un comportamiento pedófilo aparecen hacia la adolescencia. Cuando un joven entra a formar parte de un seminario, ya es sensible a ciertos estímulos. Además, hay que precisar que el celibato complica aún más la situación, pues no ofrece salidas a las necesidades sexuales”. El vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Legal, Alfredo Chalcédoine, también aparece citado en el artículo, añadiendo que “queda demostrado que las personas con tendencias pedófilas buscan obtener empleos que les permitan estar en contacto con los menores”. La historiadora y ensayista Lucetta Scaraffia, ha publicado en el Osservatore Romano (órganos de la Santa Sede) un texto que propone ofrecer más espacio a las mujeres en la Iglesia. Dar más poder a las mujeres “podría levantar el velo de la omertà masculina sobre los crímenes encubiertos en la Iglesia”. Lo mismo piensa Maureen Dowd, quien propone en su columna de The New York Times a una religiosa para ocupar la función papal. “Las religiosas siempre han deshecho los entuertos de los curas. En la actualidad el lío es monumental. Benedicto XVI debería regresar a su Baviera natal y los cardenales ponerse a airear de nuevo la fumata blanca proclamando esta vez Habemus Mama”. Francesca Barca Europa451 CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosNoviembre 2011 CategoríasAll Mención legal
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