En Sarja, Emiratos Árabes Unidos, unos investigadores de la Universidad Americana, están perfeccionando un dispositivo para crear energía con las ondas producidas por los emisores de ruidos. Para quien no lo sepa, el ruido –la música es su exponente de rostro más amable- es la cabeza audible del llamado fenómeno fisico-armónico. Cuando logramos que un material cualquiera vibre entre dos puntos de manera constante, este emite un sonido grave o agudo según el número de oscilaciones por segundo en torno a su eje. Puede ser una cuerda vocal, la carcasa del motor de un vehículo o la lámina de un cristal.
En realidad, el mundo entero se encuentra en constante vibración y generación de ondas y sonidos. Aunque la tecnología que anunciamos hoy esté aún en fase experimental, si se revelara aficaz podríamos haber hallado una fuente inagotable de energía para producir en el futuro electricidad sin emisiones contaminantes del aire.
Se trata, de una solución con un potencial de aplicación muy variado sobre una infinitud de dispositivos capaces de captar las ondas de ultrasonido a través de una tecnología piezoeléctrica que convierte el movimiento y las vibraciones generadas por el ruido, incluso cuando este es imperceptible por el oído humano.
Las ideas de aplicación no se han hecho esperar: avenidas con intenso tráfico de vehículos, fábricas, salas de conciertos, locales comerciales o discotecas. Estos últimos espacios, por cierto, se han revelado en estos tiempos como uno de los más potenciales generadores de energía gratuita.
En Rotterdam, un empresario dedicado a las salas de música y baile ha inaugurado la Sala Watt, cuya pista de baile está conformada por losas ligeramente flexibles (hasta un centímetro) que recubren un mecanismo recuperador de las vibraciones producidas por quienes bailan, que ni siquiera se dan cuenta de la oscilación bajo sus pies.
















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