ANÁLISIS I En toda Europa, el 47% de los estudiantes de enseñanza secundaria o superior siguen cursos de educación y formación profesionales, lo que los convierte en la opción más popular después de acabar la enseñanza obligatoria. Pero el número baja y la Unión desea modernizar esta rama formativa vital para la economía del continente. Nada menos que el 76% de los holandeses han optado por la formación profesional. Eslovaquia y Chequia, con el 70% y el 66% cada uno, completan este podio. La otra cara de la moneda la lucen Portugal y España (24%) y Malta (27%). Los países del sur de Europa se comportan en muchos aspectos de un modo muy distinto a sus vecinos del norte, y la educación no escapa a este sino. Frente a un sur esnob y clasista que siempre ha despreciado el trabajo manual y amado en demasía la cultura de la ostentación y la apariencia, existe una Europa septentrional y antiaristocrática en la que trabajar de controlador electrónico es tan digno como de catedrático de historia contemporánea. En Chequia, Alemania o Dinamarca, nadie menosprecia a los estudiantes técnicos, contra lo que sucede a menudo en países como Italia, Francia o España, en los que se desarrollan incluso sentimientos de conmiseración para con quienes se observa como “fracasados”. La disculpa moral a la que se agarran los países del sur para justificar esta tendencia social es que con en la vida es importante ser una persona culta, y eso pasa por tener estudios universitarios. Esta visión está pasando factura en plena crisis, pues las empresas necesitadas de mano de obra técnica no se instalan en Grecia, Portugal o España, sino en Holanda, Eslovaquia o Finlandia. De hecho, según un estudio del Eurobarómetro, la mayor parte de los encuestados (56%) cree que los jóvenes con educación y formación profesionales tienen más posibilidades de encontrar un puesto de trabajo una vez hayan finalizado sus estudios que los que tienen cualificaciones de educación secundaria general o superior. Además, el norte no presenta entre los jóvenes niveles inferiores a los del sur en cuanto a una cultura general que la población puede adquirir gracias a las redes de conservatorios de música, de bibliotecas públicas o a una programación televisiva menos sensacionalista y más enfocada a la información y la cultura. Una enfermedad contagiosa Lo que preocupa a la UE es que la tendencia sureña está impregnando al resto de Europa. Y es que aunque el 71% de los que han realizado una formación profesional considera positiva su experiencia, sólo el 27 la recomendaría a sus compañeros de generación. “Creo que, al tomar un avión, todos nosotros preferiríamos que el piloto tuviese una buena formación profesional antes que una gran cultura. Nuestro objetivo es lograr la combinación adecuada de cultura y formación profesional para satisfacer las necesidades del mundo laboral”, ha llegado a afirmar Androulla Vassiliou, Comisaria Europea de Educación y Cultura. Para esta comunista chipriota, el problema es de modernización y de imagen, por lo que sector necesita “acciones selectivas de inversión” para seguir ofreciendo una formación pertinente, “porque un sistema educativo fuerte tiene unas repercusiones considerables en la competitividad y contribuye a reducir el abandono escolar”. La buena imagen de esta opción laboral puede venir del hecho de que con una formación profesional es sencillo trabajar en otro país de la Unión además del de origen. Por otra parte, el mismo estudio de Eurobarómetro muestra que una amplia mayoría está segura de que la educación y la formación profesionales contribuyen positivamente a la economía (83%) y que desempeñan un papel en la reducción del desempleo (76%). Es más, el 80% considera que contribuye a la calidad de los servicios en sus países. Se da la circunstancia que la apuesta por la formación profesional de calidad genera un círculo virtuoso en el que se atraen a nuevas empresas deseosas de mano de obra cualificada y fiable, que a su vez genera una demanda que a veces supea la oferta y el país debe recurrir a la mano de obra cualificada de otros países. Es exactamente lo que sucede con los técnicos españoles que se marchan a Alemania, o los enfermeros del sur que marchan al Reino Unido, produciendo una fuga de cerebros que sumen en un círculo vicioso al país emisor de trabajadores. Europa451 Fotos: elhugo_99/Flickr, Artículos relacionados CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosFebrero 2012 CategoríasAll Mención legal
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