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¿Coincidencias simplemente estéticas?
ENFOQUE I Hoy, el senado español ha aprobado la prohibición del uso del burka en espacios públicos. Cada día, la pelota del burka cae a un lado distinto de la red: el de los populistas o el de los pragmáticos. Una ola de anuncios legislativos recorre Europa desde Bélgica a Italia pasando por Francia y España.

Hace diez días, Francisco Caamaño anunciaba Ia inclusión de la prohibición del uso del burka en espacios públicos en la ley de Libertad Religiosa que los socialistas preparaban para llevarla al trámite parlamentario. Dos días más tarde el gobierno español se retractaba. No sólo la ley de Libertad religiosa se pospone sine die para no molestar al papa Benedicto XVI en su próxima visita a España tras las vacaciones de verano, sino que además se retira el proyecto de prohibición del burka por redundante. Y es que ya existe una ley en España que prohíbe entrar en los edificios públicos con el rostro tapado, por pura medida de seguridad y necesidad de identificación de las personas que se encuentran en ellos. Pero el carro del populismo electoral va muy lanzado y el partido conservador español (PP) introdujo a última hora en la agenda del Senado votar la prohibición del burka, aunque se innecesaria por estar ya prohibido y por resultar su aprobación definitiva en el Congreso de los diputados harto difícil si los socialistas y los progresistas, que son mayoría, se oponen.

Esta medida se discute en España porque en Cataluña, a medida que se acercan las alecciones regionales de octubre de 2010, los partidos políticos y los ayuntamientos se manifiestan a favor de la prohibición del burka dentro de edificios públicos. Determinados partidos de extrema derecha catalana iniciaron esta tendencia para darse a conocer. Incluso el Ayuntamiento de la cosmopolita Barcelona se ha sumado a la iniciativa. Aún tenemos e el recuerdo la expulsión de su instituto madrileño de la estudiante Najwa Malha por querer llevar un pañuelo atado a la cabeza en clase hace dos meses. Desde entonces, varios institutos de enseñanza secundaria han modificado sus reglamentos internos para prohibir de manera expresa llevar la cabeza cubierta en clase.

Bibiana Aído, Ministra de Igualdad en España es tajante a su vez: “El burka y otros velos integrales atentan a la dignidad de la Mujer. Quisiera que ninguna mujer tuviera que llevarlo”, declaraba en las páginas de El País. Este diario español cita también declaraciones de Jaime Rossell, profesor de Derecho Eclesiástico en la Universidad de Extremadura. En opinión de este estudioso no es “aconsejable que el legislador prohíba un solo tipo de indumentaria. Además, la normativa en vigor ya pone como límite el orden público al porte de prendas que escondan el rostro de las personas” y permite su aplicación en las circunstancias actuales.

Están ya fuera de la ley


El velo integral ya está vedado en Francia, como cualquier signo de pertenencia religiosa (ley de 1905 sobre la laicidad del Estado), así como en muchas escuelas belgas: 110 de129 en la comunidad francófona, mientras que en la comunidad flamenca se prohibió en septiembre de 2009 con una entrada en vigor para el curso escolar que comience en septiembre de 2010.

El gobierno francés avanza con un proyecto de ley que apunta a “castigar a las mujeres de manera leve” y a “sancionar fuertemente a quienes les obligue a llevar velo integral en edificios públicos”. Según el principio por el cual “nadie puede cubrirse el rostro en los edificios públicos” se podrá soportar una multa de hasta 150 euros o un atender a un “cursillo sobre utilidad pública”. La gran novedad de la ley francesa es que instaura el delito de la “violencia, la amenaza y el abuso de poder o de autoridad” para quien imponga el uso de burka.


Fátima Mohamed: "Este año tampoco me pierdo la romería del Rocío"

El frente del NO al pañuelo islámico

Prohibición del burka en Bélgica: más unanimidad y te mueres

Musulmanes integrados y creyentes algo vagos

En Francia, el fast-Food se hace Halal

La polémica del halal arrasa en Italia en defensa de los animales


Para el gobierno francés es importante explicar que el burka no se rechaza en nombre de la laicidad –pues sería un mensaje agresivo contra la comunidad islámica–, pero aún no se ha aclarado si la base de su postura se funda en el tema de la seguridad o de la dignidada de la mujer.

Una de sondeos

Según una encuesta entre 21.000 ciudadanos de 14 países europeos realizada por la fundación española BBVA y coordinada por el instituto Ipsos, sólo el 28% de los ciudadanos apoya el uso del velo islámico en las escuelas, mientras el 50% se opone. Los países donde más oposición existe son Bulgaria, Francia, Alemania, Suiza, Bélgica y Grecia. Hay que añadir que el 62% de estos encuestados considera los valores cristianos como una característica europea.

En Europa viven al menos 16 millones de musulmanes, sin contar los ocho millones que viven en los Balcanes y los 20 millones de la Federación Rusa. El país con la mayor comunidad islámica es Francia (5,5 millones según estadísticas oficiosas).

Francesca Barca
Europa451
Foto: Pedro J Pacheco / Flickr
 
 
ENFOQUE I El domingo 20 de junio de 2010, los polacos votaban para elegir al sucesor del difunto Presidente Lech Kaczynski, fallecido hace dos meses en un accidente de avión en Smolensk.

Interesados por las implicaciones políticas que una elección en Polonia representa para Europa, el equipo de Europa451 había previsto elaborar una revista de prensa internacional.

Lo mínimo era consultar diarios del calado y el prestigio cada vez más teórico del francés LeMonde.fr. Hacia las ocho de a tarde empezaron a llover los primeros resultados  en línea, bajo la forma de breves artículos copiados de cables de agencias apenas reeditados. El candidato de la derecha liberal (PO) Bronislaw Komorowski se mantenía en cabeza seguido de muy cerca por el ultraconservador Jaroslaw Kaczynski.

Para adornar un poco esta información, los periodistas de LeMonde.fr juzgaron oportuno añadir unas cuantas fotografías... Hasta ahí bien. Pero sólo hasta ahí, pues esta es la imagen con la que de entrada confundieron a los principales candidatos en liza.
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El pie de foto reza lo siguiente: “El candidato liberal Bronislaw Komorowski”. Sin embargo, ¿quién es el de la fotografía? ¡Se parece horrores a Jaroslaw Kaczynski ! Desde entonces ya se ha corregido el error, pero la verdad es que no deja en buen lugar la deriva editorial de los grandes diarios como LeMonde.fr. Internet ha impuesto una nueva velocidad a la información, la velocidad del “está pasando, te lo estamos contando”, y sufren sobre todo los correctores y los editores de las redacciones, sin tiempo para revisar el ingente flujo de informaciones. Ya no corren esos tiempos de las redacciones del papel en las que se convocaban reuniones al día siguiente en el despacho del redactor jefe para limar y advertir errores, pero ello no debería servir de excusa para bajar la guardia.

Varsovia, la puerta del este


Y es que aunque Polonia parezca estar lejos, sobre todo un domingo por la noche, cabe recordar que ese rostro había llenado las portadas  de toda la prensa europea durante semanas, cuando Lech Kaczynski, su hermano gemelo, pereció en un accidente de avión que sesgó la práctica totalidad de la nomenclatura política y militar polaca.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451
 
 
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Pifia fotográfica en El Correo de Andalucía
REVISTA DE PRENSA I 13 de junio de 2010: Bélgica acude a las urnas de manera anticipada una vez más. Ello, en vísperas de asumir la presidencia semestral de la UE. Bélgica no es sólo un miembro de la Unión, sino el territorio que acoge la capital de Europa, pero vive una crisis de identidad tan devastadora que la secesión está a la vuelta de la esquina. Hace cinco días fue el turno de ignorar lo que sucedía en Holanda. ¿Cómo trata la prensa europea esta cita electoral?

El País abre con el debate sobre la reforma laboral. En segunda noticia, un artículo del norteamericano Phil Bennett analiza cómo afronta España la crisis. En tercera, por fin Bélgica, luego, fútbol Irán, Egipto y Gaza. No está mal.

Sin embargo, otros diarios se hacían líos con la información de las elecciones belgas y las de Holanda. El Correo de Andalucía, por ejemplo, ilustraba su artículo sobre las elecciones belgas con una fotografía del vencedor de las holandesas, Mark Rutte, del cual no hay mención alguna en toda la noticia.

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La Repubblica pasa de Bélgica
La Repubblica abría ayer con Giulio Tremonti participando en fiestas sindicales. La primera noticia no italiana trata de la bomba que los soldados italianos han desactivado en Afganistán (décima noticia), seguida de las recientes inundaciones en Arkansas (duodécima) y de la marea negra sobre las costas de Nuevo Méjico. Bélgica ni está ni se le espera. Il Corriere della Sera abre también con Tremonti, sigue con Afganistán..., y no dice nada sobre Bélgica.

La Stampa, que presume de estar más atenta a los asuntos trans-europeos, sigue con Tremonti en Portada, con Afganistán en cuarta información y, por fin, en sexta llega algo sobre Bélgica des una ciudad llamada “Bruzelas”, (¿una marca de bicicletas?). Se limita, eso sí, a un enlace al blog del corresponsal en Bruselas, Marco Zatterin, sobre resultados en Holanda.


Bélgica: elecciones en un país deslenguado

Bélgica: promesas imposibles entre socialistas y nacionalistas


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Portada de Le Monde el día de las elecciones belgas
¿Acaso si la bomba en Afganistán no hubiera incumbido a soldados italianos hubieran hablado de ello los periódicos nacionales? ¿Se le habría dado alguna relevancia? ¿Por qué reservar más información en la versión papel y no en la versión On Line?

Quizá porque el público pinche en otros temas: "La osa madre se ahoga para salvar al osezno” debe haber hecho furor (tanto en Il Corriere como en La Repubblica). Google lo confirma: "mamá osa muere" recibe 350.000 resultados; "Elecciones en Bélgica" se queda en 157.000. Como lo que interesa es nuestro ombligo, servimos en bandeja nuestro ombligo.

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El francés Le Monde abre con el tema belga. Nuestros vecinos galos se sienten más cercanos a los problemas de sus colegas francófonos, aunque luego se centra en los Mundiales de fútbol, la violencia étnica en Kirguizistán, la crisis de las pensiones en Francia, Gaza, Alemania y su renqueante servicio militar, y un tema local suizo. Le Figaro también se centra en Bélgica en su portada. Citamos, para concluir, a Slate.fr, que sí le dedica un dossier entero a la crisis electoral belga, eso sí, casi por completo redactado por los miembros de Europa451.

Francesca Barca
Europa451

 
 
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TRIBUNA I ¡Olvídese de la pesadilla del latín! ¿Sabe lo que es la intercomprensión pasiva? Puede convertirse en el paso imprescindible para la construcción de Europa. Se trata de la capacidad de locutores de lenguas distintas para entenderse hablando cada uno en la suya. Entre las lenguas eslavas es una práctica corriente. Para las lenguas latinas supondría la creación de una comunidad lingüística de unos 1.400 millones de personas. Es decir, más que el chino.

Hoy día no faltan estudios pedagógicos que muestren el enorme potencial abierto por el “descubrimiento” de la intercomprensión pasiva. En el caso de las lenguas latinas, un latinohablante necesitaría poco esfuerzo para aprender a entender varias lenguas próximas a su lengua materna. La idea se basa en el hecho de que la mayor parte del esfuerzo invertido en aprender una lengua consiste en aprender a hablarla. Suprimiendo esa parte, por lo tanto, sería mucho el tiempo ganado y además evitaría el bloqueo cognitivo que produce en muchos aprendices el hecho de verse obligados tempranamente a producir fonemas y sintaxis con los que no han estado lo suficientemente familiarizados.

Lo que pocos saben, es que lenguas como el chino o el árabe son considerados lenguas unidas, cuando en realidad, internamente, su división dialectal es en muchos casos más profunda que la que existe entre estos dialectos del nuevo latín, que son el español, el francés, el portugués, el rumano, el catalán, el gallego, el sardo o el italiano.

Y es importante decir “nuevo latín”, porque la visión dominante tiende a pensar que la lengua de Cicerón es el punto en común de todas estas lenguas, y hay incluso quien propone que los “latinos” nos comuniquemos en ella. En realidad, las lenguas latinas de hoy se parecen más entre sí que al latín clásico. Ninguna tiene las pesadillescas declinaciones, ni la enrevesada sintaxis de aquella lengua. Todas tienen artículos y preposiciones, y todas comparten un vocabulario que ni aparecía en los textos clásicos. Un ejemplo vulgar es el término “mierda”, que apareció por primera vez escrito en el siglo XIII. Dicho de otro modo, para un español es mucho más fácil aprender italiano que aprender latín.  

Es corriente oír decir que Europa tiene un “problema” lingüístico. ¿Cuál es la lengua de Europa? “La lengua de Europa se llama traducción”, dirán algunos. El problema es no ya el hecho de que muchos europeos consiguen entenderse con gente de otros continentes mejor que con sus propios vecinos por las barreras lingüísticas, sino que la propia traducción también se realiza con el chino, el japonés y otras lenguas no europeas. En otras palabras, la traducción es un concepto demasiado amplio para definir una especificidad europea.

Lo cierto es que el problema viene de más lejos. La tan consabida falta de una mentalidad europea, la desconfianza de los ciudadanos ante las instituciones europeas, el resurgir de ciertos nacionalismos y el desinterés por un proyecto común, se deben en gran parte a un pésimo enfoque propagandístico. Europa se presenta a sus ciudadanos como una institución. Cuando se cita a Europa en los libros de texto, aparece muy pronto Bruselas, Estrasburgo, la CECA… y poco después se pasa a otra cuestión.

El problema es que la CECA fue creada hace apenas 60 años, cuando la historia de Europa se remonta a casi tres milenios. ¿Cómo sentirse parte de una identidad creada hace 60 años?

Puede resultar increíble para muchos, el hecho de que uno de los planos que sitúan a Europa como un ente homogéneo y cohesionado, con una identidad propia y común, es el lingüístico. Comparada con África o Asia, Europa es profundamente homogénea en cuanto a idiomas. Y esto no significa que haya que volver a la desaparecida (o más bien evolucionada) lengua indoeuropea. Pero sí que todo europeo debería ser consciente de ello. Empezando por las tres grandes ramas.

La trinidad europea

Latinos, Germanos y Eslavos. Esas son, con permiso de otras identidades europeas (céltica, helénica, magiar…), las tres grandes subfamilias, que engloban al 90% de la población europea. La trinidad es un rasgo característico de toda unión sólida, pero para el caso de la construcción europea resulta especialmente adecuada.

En primer lugar, supera el marco exclusivamente estatal, para ofrecer otro que no es institucional sino cultural o identitario. Algunos verían en esto el riesgo de una nueva fragmentación europea a gran escala, pero hemos de insistir en la imposibilidad de semejante escenario. Para empezar, no existen instituciones con vocación latina, germánica ni eslava, susceptibles de tener o crearse intereses propios. Se trata de bloques culturales sin reflejo político ni económico. Por otro lado, la mencionada trinidad es una vacuna contra cualquier sentimiento de exclusión o discriminación.

Es mucho, no obstante, lo que ofrece. El europeo de a pie puede experimentar un redescubrimiento de sí mismo a través de culturas hermanas, a las que consideraba más lejanas. Y es un paso. No podemos esperar que un italiano sienta que comparte una identidad común con un finlandés, hoy por hoy. Pero para que mañana eso pueda suceder, es necesario este primer paso. No es realista pensar que un italiano nunca se podrá sentir afín culturalmente a un finlandés. Sí es realista ver que el futuro sólo se puede construir a base de precedentes. Creando el precedente del descubrimiento de una cultura propia ampliada (latina, germánica o eslava), no parece descabellado pensar que las diferencias entre las tres grandes subfamilias nos resultarían a todos más manejables, y  que aumentarían nuestras ganas de conocernos.

Pero hasta ahora, los acontecimientos nos llevan a otro escenario menos deseable. Una sociedad anglocéntrica en la que lenguas y culturas se ignoran unas a otras, y sólo lo que es producido desde el mundo anglosajón a, como mucho, a través de su lengua, es considerado como “auténticamente” internacional. El aumento de los localismos y el rechazo al vecino no es más que la otra cara de la moneda.

Frente a esto, la intercomprensión pasiva supone una oportunidad para una mundialización más fértil, un verdadero encuentro entre varias partes, partiendo de y llegando a sentimientos recíprocos. Sin reciprocidad estamos abocados al fracaso, o a una sociedad alienada.
 
La asignatura pendiente

La traducción parece ser la solución adoptada por los políticos europeos, ya que casa muy bien con lo políticamente correcto y supone poco riesgo apoyarla. Y he aquí una cuestión esencial, el riesgo. Pocos políticos se animarán a apoyar públicamente un “engendro de académicos”, por muy expertos en pedagogía que estos sean: hay votos en juego y es normal y bueno que así sea.

Dicho esto, no supone tanto riesgo proponer, de forma paralela al estudio de lengua extranjera, una asignatura llamada “Iniciación a las lenguas latinas”. Sobre todo si, para alejar el fantasma esperantista, la asignatura estuviera orientada a una futura especialización en una o dos de ellas, a partir del segundo o tercer año.

La labor de la asignatura no sería meramente instrumental en un principio. Su principal valor residiría en el cambio de mentalidad que puede producir. Por tanto, no tiene grandes materiales pedagógicos que presentar para empezar. No todo tiene que ser hecho en las escuelas, ni puede serlo. Pero pensemos en cuánta gente es consciente a un nivel hondo–y pensemos más allá de población que pasa por la universidad- en un país como España, siquiera de que existen las lenguas latinas, de que se parecen mucho entre sí y por lo tanto son fáciles de aprender. Creo que sólo los rumanos tienen cierta conciencia de ello, y da la casualidad de que, sin necesitar un gran sistema educativo, son los mejores políglotas de todo el mundo latino.

Por lo tanto, no es necesario prometer grandes avances cognitivos, que pueden sonar a cuento de la lechera para el pragmático ojo del responsable político de turno. Dicha asignatura, que bien podría llamarse también “Iniciación a las lenguas europeas” podría incluir al principio un tema sobre el mapa lingüístico-cultural de Europa, con una breve introducción a las otras subfamilias. Si una asignatura así fuera implantada en los sistemas educativos europeos desde una edad temprana, sus efectos serían enormes para la conciencia de la ciudadanía europea.

Pero no se tache la propuesta de romántica. Tal asignatura tendría una rentabilidad material absoluta, ya que rompería la barrera psicológica que lastra el tan necesario aprendizaje de idiomas, e incluso se traduciría finalmente por el dominio de una o varias lenguas. Al ser orientada de forma pasiva, el alumno no tendría una percepción negativa de la clase, y más bien se sorprendería de lo poco que le cuesta aprender dos o tres lenguas que no son la suya. En la conciencia de un niño de 6 o 7 años, se habría sembrado la identidad del futuro políglota, que no habla varios idiomas, de momento, pero tampoco les tiene miedo, y está familiarizado con varios, más de cinco. No hay que ser muy visionario para ver el impulso que esto daría a su voracidad en el aprendizaje de idiomas. Comparemos esto con la percepción que teníamos muchos de nosotros a los 8 o 9 años, cuando todo lo que no fuera nuestra lengua materna era chino.

Por otro lado, se le estaría dando la posibilidad a este europeo del mañana, de establecer sus propias preferencias. De 6 ó 7 lenguas que conociera de forma pasiva, tendría un especial gusto por algunas de ellas, y quizás le gustaría aprender a hablarlas. Evidentemente, aumentaría su predisposición a la movilidad internacional, tan requerida por la economía del continente.

Y no hay por qué ceñirse a la idea de presentar una propuesta de golpe a las instancias competentes, sometida a una respuesta de sí o no. Ya hay mucho terreno que podría haber sido conquistado. Hablo, por ejemplo, del Instituto Cervantes ¿Se les ha ocurrido incluir en su plan curricular la opción de un curso rápido de comprensión del portugués? ¿No aumentaría considerablemente el interés planetario por aprender español? ¿No podría ello hacerse en convenio con el Instituto Camôes, que propusiera a su vez un curso rápido de adaptación al español a los alumnos que hubieran adquirido un nivel alto de competencia en portugués? Si consideramos que la coincidencia léxica de ambas lenguas se estima en torno a un 88% ¿Quién no querría invertir un consiguiente 12% de esfuerzo para acceder a una lengua de más de 200 millones de hablantes?

Además, semejante experiencia no supondría dejar de lado a las demás lenguas latinas. Todo lo contrario: asentaría un precedente para que otras como el italiano y el francés aprovecharan la tendencia abierta.

Por otro lado, si hablamos de una lengua que cuenta con un enorme apoyo institucional, en proporción a su presencia social, como es el caso del catalán ¿Algún apologeta del catalán ha tomado como argumento de peso el hecho de que dicha lengua sea una especie de llave maestra para todas las demás lenguas latinas? Me temo que no se le ha ocurrido a nadie.

Esto conllevaría un cierto cambio de mentalidad. Dejar de lado el academicismo y el profesionalismo que menosprecian la capacidad de la gente para comunicarse cometiendo errores espontáneos. Volvamos a pensar en los rumanos, o en la población de África, que teniendo los más altos porcentajes de analfabetismo del planeta, hablan de media unos cuatro idiomas por individuo. ¿Por qué es irrealista pensar algo así con los recursos de que disponen Europa y su sistema educativo?

Nos urge actuar, si los que hoy día soñamos con una Europa unida y reconocida en sí misma, que somos más bien pocos, queremos al menos poder seguir soñando.

José R. de Arellano es políglota y estudiante de Política Lingüística en la Universidad de París VII
Foto: Leo Reynolds/flickr

 
 
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La eurodiputada holandesa Hennis-Plasschaert
DEBATE I Polémica tras la publicación el 17 de marzo de la carta dirigida al Presidente francés Sarkozy por parte de la eurodiputada liberal Jeanine Hennis-Plasschaert solicitándole el cierre del Parlamento europeo en Estrasburgo. Europa451 publica ahora la respuesta de Bernd Posselt, europarlamentario conservador. A su entender, la verdadera sede del Parlamento debe estar en Estrasburgo.

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El eurodiputado alemán Bernd Posselt
El veterano político europeo Bernd Posselt no forma parte de los 171 eurodiputados que firmaron el 17 de marzo la carta dirigida al Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, solicitando un gesto de su parte para terminar con la dualidad geográfica del Parlamento europeo y aceptar el cierre en Estrasburgo.

Antes al contrario, este representante bávaro considera que la verdadera sede del Europarlamento debe ser la capital de Alsacia. En un texto dividido en 9 puntos, Bernd Posselt ha comunicado a Europa451 sus motivos para que todas las administraciones europarlamentarias se muden para siempre al edificio de Estrasburgo.[Lea el texto (en inglés) en archivo adjunto al final de este artículo].

Estrasburgo es más que una ciudad francesa

Posselt empieza por argumentar que Estrasburgo no es sólo una ciudad francesa o un símbolo de reconciliación franco-germana. “Es la ciudad en la que el Europarlamento, elegido por sufragio directo, ha vivido casi todas sus sesiones plenarias y casi todas las decisiones importantes en la Historia de la UE. Estrasburgo, como capital parlamentaria de Europa, no tiene nada que ver con la expresión del prestigio de un Estado miembro particular”. Es entre las paredes de este edificio en Estrasburgo en donde fueron acogidos en 2004 los países del antiguo bloque comunista y los opositores a esas dictaduras. “El 2 de mayo de 2004, le día siguiente a la ampliación más grande de la historia de la Unión, Lech Walesa [primer presidente polaco tras la caída del comunismo y líder del mítico movimiento opositor Solidarnosc] declaraba que Estrasburgo es la encarnación del ideal de paz y de libertad para todos los pueblos de Europa.”

En el plano más legal, recuerda que los Tratados siempre han sido ambiguos en cuanto a la sede real del Parlamento. Ahora bien, desde los años noventa, es única y oficialmente Estrasburgo. Por razones aleatorias y por concesiones a los belgas se ha permitido celebrar en Bruselas a veces mini sesiones.

Mudanza ilegal

A quienes se quejan de los traslados entre las dos ciudades, les recuerda una cosa: “La trashumancia mensual no existe, sino la semanal. La inmensa mayoría de los diputados se desplaza cada semana a su circunscripción, a Estrasburgo o a Bruselas. Dicho de otro modo, ¿qué diferencia hay entre un viaje de Vilnius a Bruselas y otro entre Vilnius y Estrasburgo? Viajar a Estrasburgo es sencillo”, insiste Posselt , “gracias a los trenes de Alta Velocidad, los aviones y las autovías en el corazón geográfico de Europa”.

Admitiendo que toda la administración deba, asimismo, desplazarse, añade que “lo que tendría que hacer es instalarse en Estrasburgo, en vez de en Bruselas. Según el Tratado, la Secretaría General tiene su sede en Luxemburgo y no en Bruselas. La mudanza a Bruselas sería ilegal a ojo de los Tratados”. Otra de las ventajas es que una mudanza completa a Estrasburgo ofrecería al Parlamento mayor visibilidad y una mayor independencia, en vez de trabajar a la sombra de la Comisión cada vez que los medios de comunicación hablan de “Bruselas”.

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Sesión en la sede de Bruselas
Intensificar los trabajos para economizar

Uno de los argumentos más en boga presentes en la carta de Jeanine Hennis-Plasschaert es el del coste económico de la doble sede parlamentaria. Bernt Possert se toma este motivo muy en serio. “Los costes podrían reducirse de manera espectacular –y los parlamentarios podrían pasar incluso más tiempo en su circunscripción- si tuviéramos verdaderas sesiones semanales de 5 días [en la actualidad las sesiones plenarias duran tres días, desde el lunes a medio día hasta el jueves a la misma hora] y si elimináramos las seis mini sesiones plenarias costosas e inútiles de Bruselas, más a nuestro favor. También podríamos concentrar las comisiones parlamentarias y las reuniones de grupo político, entre una o dos semanas antes de cada sesión plenaria”. Tal medida sería muy útil para los diputados provenientes de regiones alejadas como los finlandeses y los andaluces, pero comprometería los fines de semana de aquellos que suelen regresar a sus domicilios.
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Sesión plenaria en Estrasburgo
Bruselas está carísima

Otro problema ligado al dinero es la necesidad de cuidado y mantenimiento de dos edificios enormes. Las cifras, no obstante, le dan la razón a Estrasburgo, cuya “sede costó 446,5 millones de euros al Europarlamento, lo que, visto el emplazamiento y el tamaño del edificio  - 185.331 metros cuadrados, 1.138 despachos, 38 salas de reuniones, el hemiciclo más grande de Europa y un aparcamiento con 1.200 plazas– es ciertamente una buena inversión. En comparación, el plenario del edificio Paul-Henri Spaak de Bruselas, con sus 80.499 metros cuadrados, sus 573 despachos y sus 22 salas de reuniones y un hemiciclo mucho más pequeño, cuesta 600,2 millones de euros. El precio del metro cuadrado en Estrasburgo es un 60% más barato que en Bruselas, ciudad colmatada por completo”. Bruselas, a lo largo de los años, ha hecho todo lo posible por atraer las instituciones hacia sí, incluso al precio de arrasar con un barrio entero y construir un edificio gigantesco para el Europarlamento, mucho más caro por menos espacio.

Una minoría activa contra una mayoría silenciosa

Aunque todas las iniciativas por reunir las dos sedes han fracasado hasta ahora, hay un motivo que resaltar, según Posselt: “Nunca han sido mayoría en el parlamento (…).Muchos diputados alemanes, polacos, eslovacos, húngaros, rumanos, búlgaros, luxemburgueses, austriacos o de otros países defienden la sede de Estrasburgo más que los propios franceses. Pienso que hay cierto cariño por parte de los parlamentarios hacia Estrasburgo, pero no todos lo expresa de manera abierta. Asimismo, este apoyo aumenta a medida que avanza la legislatura, cuando los nuevos diputados adquieren conciencia de la realidad por encima de las apariencias”.

¿Quiénes son, pues, los detractores de la sede en Estrasburgo? “Casi siempre son holandeses, liberales alemanes, euroescépticos y nórdicos”, sostiene obviando a los Verdes de todos los países.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

Fotos: Parlamento europeo
 
 
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Sala de prensa del Europarlamento en Estrasburgo
ENFOQUE I Es la última comidilla en los pasillos europeos. El número de periodistas presentes en Bruselas está en caída libre. De 1.300 a 752 entre 2005 y 2010. ¿Desinterés o falta de noticias, opacidad o crisis en los medios?

Las cifras aportads por la Comisión europea no admiten apelación. En 2005, los periodistas acreditados ante la UE eran 1.300. Hoy ya sólo quedan 752. Desalentador cuando se piensa que el Tratado de Lisboa la UE tiene más competencias políticas que nunca, sobre todo su Parlamento.

Una normalización centroeuropea

Los medios desertan en masa Bruselas, pero hay que relativizar antes de precipitarse en el abismo de la “no información europea”. Retomando las cifras de 2004, observamos la presencia de 131 alemanes, 56 franceses, 97 británicos, 64 españoles y 65 italianos. En 2010, los datos arrojan lo siguiente: 132 alemanes, 56 franceses, 98 británicos, 63 españoles y 63 italianos. Una obra de arte a la estabilidad. La explicación a la caída de corresponsales la encontramos en los países que se adhirieron en 2004 a la UE.

Estamos ante una normalización del sector. La euforia y la eurofilia que reinaba en 2004 y 2005 en los países del este y el centro de Europa impulsaron a las redacciones a destacar a muchos periodistas en Bruselas y Estrasburgo. Cinco años después, el entusiasmo se ha calmado y muchos han vuelto a casa. La prensa de esos Estados se comporta ahora como la de los países veteranos de la Unión.

Un efecto perverso

Dicho esto, la noticia no augura nada bueno, pues demuestra que con independencia de la motivación de los medios, la información sobre la Unión europea se relega al último lugar en importancia. Los motivos son múltiples. Detrás de los problemas económicos que arrastra el sector de la información –en España, los ingresos publicitarios se redujeron un 15% en 2009-, hay que poner en pie una estrategia de supervivencia consistente en interesarse cada vez más en los asuntos locales en detrimento de los locales, así como a apostar por los temas emotivos antes que a los racionales o institucionales. La información procedente de Bruselas paga los platos rotos de esta tendencia.

Además, ¿qué motivo habría para enviar un corresponsal a Bruselas? Las instituciones europeas, con su estrategia de comunicación del “todo volcado en Internet” y de la profusión de comunicados de prensa todos muy formateados y sin sorpresas, completan el cuadro clínico de este descenso de periodistas en Bruselas.

Aunque estas herramientas fueron puestas en pie para que la prensa y los demás medios hablaran más de los UE, (como el proyecto Euranet, por ejemplo), han producido el efecto inverso: han favorecido el periodismo de mesa, o periodismo sentado. El periodista dedicado a asuntos europeos ya no tendría que moverse de su despacho, así que qué más da que lo haga desde Bruselas, Pekín o Madrid. Cuando un redactor-jefe debe recortar gastos de funcionamiento se opta por el periodismo de mesa y se olvida  que el desplazamiento del periodista sobre el terreno, su contacto humano con la realidad y sus relaciones en red son lo importante en el oficio para que el lector se interese por sus historias.

De este modo, a pesar de los denuedos de la UE, la información europea apens representa un 3% de las noticias, frente al 20% del resto de información internacional (guerras, catástrofes) y al 60/75% para los asuntos nacionales o locales.

El consenso mata al periodista

El último elemento de interpretación de esta realidad es la famosa frase “la UE es un tostón”. Nunca se ha demostrado científicamente la veracidad de esta aseveración, e incluso existen sondeos que prueban que los ciudadanos reclaman más información para entender qué se cuece en la Unión europea, con independencia de su motivación. Sin embargo, la atmósfera que se respira en Bruselas no es la más apropiada para que los periodistas encuentren historias y logren venderlas. La cultura consensual de la política europea no ofrece demasiados alicientes a las opiniones públicas ni demasiadas ocasiones de debate. Recientes episodios así lo ponen de manifiesto: la reelección de Barroso sin candidato opuesto, el nombramiento a puerta cerrada de Van Rompuy y Ashton, unos partidos políticos europeos sin apenas presupuesto ni autonomía para enfrentarse en las elecciones europeas…

Sólo algunas chispas de genialidad o encono en el seno del Europarlamento rompen la monotonía, como sucede con Swift, la jornada de 65 horas de trabajo semanal o las descargas en Internet. El consenso entre izquierda y derecha sigue siendo considerable. Cuando la malograda aspirante a comisaria, Yeleva, fue rechazada, los artículos que trataban la noticia se relegaban a los faldones o las últimas páginas de las secciones, ante la avalancha de información sobre Haití. Si un ministro nacional hubiera sufrido una moción o una destitución fulminante, en cambio, la prensa hubiera privilegiado la información contra viento, marea y cualquier terremoto.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

Foto: Parlamento europeo
 
 
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A Islandia le pone aislarse (F. Márius Montón/Flickr)
SONDEO I La UE está empeñada en acelerar la adhesión de Islandia. Sin embargo, tras el referendo que la semana pasada rechazó con un 90% de islandeses el plan fiscal del gobierno para saldar las deudas contraídas con otros estados de la Unión, queda patente que los islandeses no quieren comprometerse con la construcción europea.

Nadie ve claro qué ve claro la Comisión europea para ser tan poco exigente con Islandia. Cuando dentro de un año se celebre un eventual referendo en Islandia sobre una definitiva adhesión de esta isla a la UE, el rechazo será masivo. La Unión hace como que no lo ve, con el riesgo de que al final del camino todo se interprete como un fracaso de Europa. La política de adhesiones de la Unión europea lleva años siendo errática e incoherente y los casos de Bulgaria, Rumanía, Turquía, Chipre o Islandia son ejemplarizantes. Haría falta que la Unión explicara mejor por qué un país es bienvenido en la UE, de lo contrario, el riesgo de rechazo dentro y fuera de la UE es muy alto y actúa como un factor depresivo para la propia construcción.

Fernando Navarro Sordo
Europa451

Fotos: Márius Montón
 
 
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Alexander Milinkievich (F. Parlamento europeo)
ENTREVISTA I Desde hace unos días se acumulan las malas noticias provenientes de Bielorrusia: represión contra los activistas de la minoría polca del país y nueva ley contra la libertad de expresión en Internet. En otoño de 2008, un miembro del equipo Europa451 entrevistó al líder de la oposición democrática bielorrusa, Alexander Milinkievich, en Varsovia. Inéditas hasta hoy, las declaraciones  de este Premio Sajarov siguen estando de actualidad.

Contexto de la entrevista: otoño de 2008, semanas después de las elecciones legislativas secuestradas por el Estado que no permitió que ni un solo diputado opositor lograra un escaño a pesar de su activa campaña.

Quienes se hacían ilusiones deben sentirse escocidos: la democratización de Bielorrusia sigue siendo una quimera. Los resultados de las últimas elecciones legislativas no dejan lugar a interpretaciones absurdas: el 100% de los escaños del Parlamento irán a parar a diputados fieles al presidente Alexander Lukachenko, en el poder desde 1994. Para la oposición no quedan ni las migajas.

Destruir el miedo

Consciente de la necesidad de una evolución progresiva, la UE sólo resalta tres exigencias: la liberación de los prisioneros políticos, una mayor libertad de prensa y la celebración de elecciones democráticas.

Para Alexander Milinkievich, líder de la oposición democrática, el balance de estas presiones es muy pobre. “En relación a la liberación de prisioneros, 2008 fue un buen año, pues ocho de ellos fueron sacados de las prisiones. En cambio, no se ha registrado progreso alguno en cuanto a la libertad de prensa y las pasadas elecciones han sido mera cosmética. Si el poder respetara las 12 condiciones establecidas por la Unión europea, entonces sería el fin del poder establecido….”

Aun así, este disidente se muestra optimista. “Estas elecciones nos han permitido recorrer el país y conocer a gente de todas partes, conversar con ellos, examinar su situación. Nos hemos servido de esta oportunidad para destruir el sentimiento de miedo presente en la población. Antes de las elecciones, un 30% de las personas pensaba que no eran democráticas. Hoy, el porcentaje alcanza el 60%.” A ojos de Milinkievich, una revolución naranja como la de Ucrania sólo será posible cuando el miedo desaparezca de la mente de la población. “Es menester que la gente ejerza de ciudadanos. Sólo entonces podremos destruir el poder establecido.”

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Palacio gubernamental en Minsk (F. JS Lefebvre)
¿Una OPA hostil sobre el país?

Lo que también preocupa a Milinkievich es la amenaza rusa que pesa sobre su país. “Mi país está en peligro. En dos años, Bielorrusia podría desaparecer por motivos económicos.”

Este temor fundado tiene poco eco en Europa. “Durante mucho tiempo, el Presidente de Bielorrusia ha hecho creer a Moscú que deseaba una Unión con Rusia. Este jugueteo le permitía gozar de unos precios del gas muy ventajosos para su población. Sólo que ahora el equipo del Kremlin ya ha comprendido que Lukachenko nunca aceptará una unión.”

En respuesta, Rusia ha aumentado el precio del gas que le vende a su vecino con creces, forzando así a Minsk a endeudarse por más de 5.000 millones de dólares. “Una deuda que aumentará, pues la economía bielorrusa no se ha modernizado y debemos importar gas a cualquier precio. El riesgo es que nuestro país pase a ser una especie de protectorado ruso.”

Esta situación explica hoy el acercamiento que trata de efectuar el régimen hacia la UE, en busca de un contrapoder a la influencia rusa en el país. “Si conseguimos modernizar la economía y acabar con la crisis económica, estos cambios podrán acarrear cambios políticos. No creo que las sanciones económicas contra Bielorrusia sean útiles. Antes más, pueden servir al régimen de coartada para la degradación de la situación económica y convertir la UE en un enemigo del pueblo bielorruso.”

Alexander Milinkievich aboga más bien por sanciones dirigidas contra los responsables del régimen. Medidas que “pueden reajustarse con facilidad según los avances o retrocesos en el proceso de democratización”.

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Milinkievich recibiendo el premio Sajarov por su lucha por la libertad, de manos de Josep Borrell (F, Parlamento Europeo)
Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

Visite nuestra galería de fotos “Minsk, una pinta muy negra”.
 
 
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El cartel robado en Auschwitz (F. Alflickr/Flickr)
ENFOQUE I Por fin ha sido detenido el autor intelectual del cartel de la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. Se trata del militante neonazi sueco de 34 años, Anders Hogstrom, según la policía de dicho país. Ante las críticas por la gestión de espacio ocupado por el campo de Auschwitz, el polaco Jerzy Buzek, Presidente del Europarlamento, niega las tensiones que hubo entre Alemania y Polonia.

“Arbeit macht Frei.” El trabajo os hace libres, reza con inmoral cinismo la placa de hierro de entrada al campo de exterminio que los nazis construyeron a las afueras del poblado polaco de Oswieçim (Auschwitz). La habían mandado forjar de modo rudimentario a los propios prisioneros destinados a la cámara de gas entre 1940 y 1941. Fue robada en diciembre de 2009 por un grupo de vándalos neonazis, poniendo en solfa el sistema de seguridad de este centro de memoria histórica no sólo polaca sino europea.

Un mantenimiento incierto

El descubrimiento de los horrores del nazismo atizó los remordimientos de los europeos al término de la segunda guerra mundial. Centros como el campo de Auschwitz pueden hoy ser considerados como lugares fundacionales de la actual conciencia europea. No obstante, y a pesar de que su manutención y cuidado para conocimiento de las posteriores generaciones dejó que desear durante décadas, la Unión europea nunca ha solicitado para sí la gestión de un espacio memorial casi sacro que no pertenece en exclusiva al patrimonio histórico ni de Polonia ni de Alemania y que fue declarado patrimonio histórico de la Humanidad en 1979 por la UNESCO.

Los barracones, el cementerio, las pistas de trabajo y el museo del horror del campo de exterminio de Auschwitz se extienden sobre 200 hectáreas. Según Jarek Mansfelt, portavoz del museo, “no basta con aportar dinero” para que dentro de 20 años no desaparezca este templo de la memoria. No obstante, el primer ministro polaco, Donald Tusk, hace menos de un año estimó en 120 millones de euros las necesidades financieras para su mantenimiento en lo inmediato. Muchos de sus edificios de ladrillos están cerrados al público por su deterioro y peligrosidad de derrumbe. Otros campos de concentración ya han desparecido por la desidia de los gobiernos de Europa, como por ejemplo el de Westerbork, en Holanda, abandonado y arrasado en los años sesenta. Westerbork fue el primer campo en el que se confinó a Anna Frank.

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Westerbork es hoy un campo de radiotelescopios espaciales (F. Pieter Muesterd / Flickr)
Una financiación disputada

El gobierno polaco siempre ha solicitado ayuda financiera a los países de la UE, y en particular a Alemania, quien sin dejar de ayudar económicamente al sostenimiento del espacio, ha declarado que no puede aportar mayores cantidades de dinero de lo que ya aporta. Esta reacción se debe, según varias fuentes polacas consultadas, a que el gobierno polaco quiere que le ayuden sin por ello permitir que los demás países tengan derecho de palabra a la hora de decidir qué forma y qué contenidos darle al Museo del Horror y los demás espacios sorprendentemente monopolizados por las víctimas polacas y de religión judía, y gestionados desde un punto de vista bastante nacionalista a la vista de muchos visitantes consultados. En este campo fue asesinado un millón de personas. El 85% lo conformaban europeos de religión judía, el resto eran ciudadanos de etnia gitana, minusválidos y disidentes, por lo general comunistas.

Hemos preguntado sobre estas tensiones a Jerzy Buzek, flamante nuevo presidente del Parlamento europeo y ciudadano polaco. “Estoy en contra de la teoría de que hubiera un contencioso entre Polonia y Alemania a este respecto”, reacciona. Es cierto que en 1999 se puso en marcha un programa bilateral para proteger este sitio excepcional. Además, Buzek insiste en que trata de que Auschwitz “no sólo sea un lugar de conciencia europea, sino de responsabilidad por la protección de los derechos humanos en todo el mundo”. A finales de enero de 2010, Buzek acudió junto con 25 europarlamentarios a la celebración del 65º aniversario de la liberación de Auschwitz y se propone invitar a los 26 ministros de educación europeos no polacos “para que reflexionen sobre cómo comunicar el holocausto”. Para Buzek, Auschwitz supera el marco de Europa: “Por encima de todo esto existe la obligación de pronunciarse a favor de los derechos humanos en todo el planeta, también en países como China, Cuba, Rusia o Irán”.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
 
 
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¿Otro brindis al sol de Berlusconi? (F. Ciupix / Flickr)
ENFOQUE I “Mi mayor sueño es que Israel sea miembro de la Unión”, acaba de declarar el primer ministro conservador Berlusconi. Se trata de una declaración, nuevamente fuera de tono de este mandatario, con la intención inconfesa de hacer negocios con Israel a cambio de avalar al gobierno ultraconservador de Netanyahu, muy desacreditado a nivel internacional debido a su política de acoso a los palestinos.

Y es que Berlusconi ni se preocupa por los intereses de Israel ni por los de la Unión Europea, sino por los de una Italia que necesita con urgencia retomar la vía de la exportación para salir de la crisis que atraviesa desde hace 15 años.

Silvio Berlusconi debe medir más los efectos de sus declaraciones en el ámbito europeo. Ya existe el comisario europeo de Ampliación y una responsable de Asuntos Exteriores –el fantasma de Lady Ashton- para tratar estos asuntos y no crear entuertos diplomáticos o generar falsas expectativas. Además, Turquía, eterno aspirante a adherirse a la UE, siente que su caso debe ser tratado con prioridad y ha renovado esta semana –en boca de su primer ministro Erdogan- su compromiso histórico por pertenecer a la UE “aunque le dé miedo a Francia y Alemania porque puedan perder peso dentro de la Unión”, explicaba Erdogan. Más aún si cabe por cuanto Turquía, tradicional aliado de Israel en Oriente Próximo, se ha distanciado del gobierno israelí en los últimos meses por un asunto de agravio al embajador turco en Tel Aviv.

Fernando Navarro Sordo
Europa451

 

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